No tengo a nadie

Un hombre que llevaba 38 años enfermo. . . Jesús le vio. . . y le dijo: “¿Quieres ser curado?” “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina. . . ”(Jn 5, 5)

La siguiente meditación es proporcionada por Miles Christi:

  1. La mirada de Jesucristo penetra lo más íntimo del corazón. No hace daño. Lo descubre todo, pero prefiere que seamos nosotros quienes le descubramos nuestras heridas. El deseo de curarnos lo tiene él más que nosotros, pero no nos quiere curar hasta que nosotros lo deseemos y se lo expongamos. Esta es la razón de ser de la oración. El que ora se da cuenta de su necesidad y pide auxilio.
    ¡Si dejara que el Señor mirara con su mirada de misericordia todos los recovecos del alma. . . !
     
  2. Nadie nos puede solucionar nuestros problemas más hondos.
    A veces hemos hecho todo de nuestra parte, pero no se ha seguido el éxito. Es entonces la hora de reconocer que sólo Cristo puede solucionar nuestros problemas. Y es entonces cuando descubrimos que el Señor es “alguien” que se preocupa de nosotros y con quien se han de tener una relación personal de amistad.
    ¿Siento verdadera necesidad de Jesucristo. . . ?