Maestro mio Miles Christi

Jesús le dijo: “¡María!” Ella le dijo: “¡Maestro mío!” Jesús le dijo: “. . . ve a mis hermanos y diles: subo a mi Padre y a vuestro Padre. . . ”(Jn 20, 15 s.)

La siguiente meditación es proporcionada por Miles Christi:

  1. María Magdalena buscó a Cristo por encima de todas las dificultades. Nadie, ni los ángeles, llenó su corazón más que Cristo. Una sola palabra de Jesús convirtió su inmensa pena en alegría desbordante. Para meditar no se necesitan muchas palabras. Se ha de dejar hablar al corazón. Rezar y llamarse mutuamente por su nombre es un trato personal de amigos.
    ¿Me esfuerzo por aprender a rezar. . . ?
  2. Quien encuentra a Cristo en la oración, queda comprometido para hacer partícipes a otros de esta felicidad. Quien no siente este deseo, no ha rezado bien. Somos la familia de Dios, sobre todo en la oración litúrgica. Si falta un hermano en la mesa, hemos de sentir su ausencia precisamente por estar nosotros más cerca del Padre. Rezar es estar conscientemente cerca de Dios.
    ¿Me preocupo en la oración de las necesidades de los otros. . . ?