Hágase tu voluntad

Cuando oréis, no seáis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por mucho hablar. . . Vuestro Padre conoce las cosas que necesitáis. . . Así habéis de rezar: “Padre. . . , hágase tu voluntad. . . ”(Mt 6, 5 s.)

La siguiente meditación es proporcionada por Miles Christi:

  1. Rezar es hablar con el corazón, “pensar en Dios amándole”. No es la cantidad de palabras lo que mira Dios, sino el corazón, los sentimientos sinceros. Sólo cuando dejamos de amar, dejamos de rezar. Dedicar un rato exclusivamente para Dios que sabemos que nos ama, eso es rezar. Si hacemos esto, es fácil que luego todo el día sea una oración prolongada.
    Cuando rezo, ¿dónde está el peso de mi amor?. . .
     
  2. Dios, nuestro Padre, sabe lo que necesitamos. Más que nosotros. Y lo quiere remediar. Más que nosotros también. Convencidos de esto, es fácil presentarse ante Dios (que está siempre presente) para hablar con él como un hijo con su padre. Pero hay un enemigo de nuestra oración: nuestro capricho. Renunciar a nuestra voluntad es el precio que nos pide Dios para saber rezar.
    ¿Son muchas las ocasiones en que hago mi voluntad ignorando la voluntad de la de Dios. . . ?