Dame de esta agua

Respondió (a la Samaritana): “. . . el que beba del agua que yo le daré no tendrá jamás sed. . . ; se hará en él una fuente que salte hasta la vida eterna”. Le dijo la mujer: “Señor, dame de esa agua”.(Jn 4, 13 s.)

La siguiente meditación es proporcionada por Miles Christi:

  1. Lo que dijo el Señor en el evangelio, me lo dice a mí ahora. Jesús es el único que puede saciar las aspiraciones de mi corazón. Hemos sido hechos a la medida de Cristo y nadie puede suplirle a él. Se desean otras cosas cuando no se tiene verdaderamente al Señor. Las cosas tienen su valor, pero no pueden nunca llegar a valer tanto como Cristo.
    ¿Deseo otras cosas más que al mismo Cristo. . . ?

     
  2. Las gotitas que salpican de la fuente no pueden saciar la sed. Son gotitas de agua, pero no bastan. Todas las cosas son buenas, pero no son Dios. El agua que da Cristo es la vida divina, la
    gracia. Si ya la tenemos, hay todavía muchos dones de gracia que necesitamos: conocer más a Cristo, amarle más, imitarle, copiar los rasgos de su fisonomía, aprender a rezar. . .
    Todo esto lo he de pedir como quien tiene sed abrasadora. . .