¡Mio Çid Ruy Diaz de Dios haya su graçia!

Las plegarias del Mío Cid. ¿Plegarias? ¿No serán las peleas? Las luchas de esta obra son justamente famosas, pero quizás nos olvidamos de sus oraciones, que tienen una gran profundidad tanto poética como religiosa. Veamos dos fragmentos fundamentales por su posición dentro de la narración y por la síntesis que hacen de los valores espirituales de la obra.

El Cid, desterrado injustamente por su señor, deja a su mujer Jimena y a sus dos hijas en el Monasterio de San Pedro de Cardeña. Allí Jimena pronuncia una oración larga: “¡Ya Señor glorioso, Padre que en cielo estas!/ Fezist cielo e tierra, el tercero el mar…” [Oh Señor glorioso, Padre que en el cielo estás, hiciste cielo y tierra, y tercero el mar]. Es un ejemplo de una plegaria narrativa, ya que comienza con una invocación, después sigue una enumeración de hechos milagrosos en la historia (la creación, la Encarnación, el Nacimiento, Jonás, Daniel, etc., y especialmente la Eucaristía). Pone énfasis en la salvación que viene de Dios (repite “salvest” [salvaste], y proclama el poder del Señor incluso en su muerte, y finalmente en la Resurreción). Al final reitera la dignidad de Dios como Rey (antes dijo “Señor”) y Padre (ambos términos muy significativos en el mundo medieval), y agrega “ruego a San Peydro que me ayude a rogar” [Ruego a San Pedro que me ayude a rogar].

Esto no es una elaboración meramente retórica, sino que refleja una realidad profunda: la comunión de los santos. Le ruega a Dios que cuide del mal al Cid, y que los haga reencontrarse en esta vida (parece dar por descontado que se verán en la próxima).

Pero, ¿para qué toda esta elaboración tan larga, una narración de hechos archiconocidos para llegar al ruego recién al final?

Como es inevitable, para dirigirnos a Dios hay que usar lenguaje y categorías humanas.  Todos los ejemplos de milagros muestran a Dios en su poder y misericordia, de manera que cumplen una función argumentativa: si Dios pudo y quiso hacer esas cosas, ¿por qué esto no?

Si la oración es una conversación con Dios, se espera una respuesta. Jimena oró por su marido, y es éste quien recibe la réplica. Dado que se trata de un héroe legendario, casi mítico, obviamente Dios no se limita a contestarle en su corazón, sino que manda al arcángel Gabriel (ya acostumbrado a llevar mensajes importantes).

El ángel se le aparece en un sueño al Cid y pronuncia solamente tres versos, en apariencia simples, pero densos en contenido. Le manda cavalgar, y promete “mientra que visquieredes bien se fara lo to” (mientras que vivas se hará bien lo tuyo/irá bien lo tuyo).

Acá hay una relación clara con la Biblia: el arcángel Gabriel como mensajero de la Encarnación. Pero también hay otra, menos obvia, con el mismo episodio: “hágase en mí” y “bien se fará”. En ambos casos se usa la voz pasiva, porque el agente primario es Dios. Es sujeto pasivo, sin embargo, indica que la colaboración humana sigue presente, en concordancia con la voluntad divina. En una sociedad tan enraizada en la fe como la medieval, la asociación era inmediata.

Antes, cuando el Ruy Diaz partía desterrado, una corneja (agüero pagano) amenazaba una tragedia. Pero todo el que invoque el nombre del Señor será salvo (He 2: 21), y ahora Dios envía al mismo San Gabriel para reafirmar al Cid en su misión liberadora contra el Infiel.

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Por Agostina Cavasotto para el Blog de Jóvenes de Miles Christi

 

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