LA INSPIRACIÓN

La orden religiosa Miles Christi fue aprobada en 1999 pero nació en los comienzos de los 80.

Con el paso del tiempo se fue reuniendo un gran grupo que asistía a los Retiros espirituales. Ese fue el origen de todo, la idea de reunir a esta gente y organizarla de alguna manera.

La orden es muy joven, empezó en 1994, pero diez años antes, en 1984, comenzaba la idea de crear esta nueva orden. Dios irrumpió con la idea de crear una agrupación de sacerdotes con un fin particular.

Y así nació una orden dedicada a la santificación de los laicos, a dar Ejercicios Espirituales Ignacianos y dirección espiritual. La Iglesia bendijo este proyecto de fundación de Miles Christi con su aprobación.

Hizo falta coraje y gracia para llegar a este punto.

La Espiritualidad ignaciana es el corazón de Miles Christi. San Ignacio de Loyola fue un soldado español nacido a finales del Siglo XV. Durante una batalla en Pamplona, fue seriamente herido y mientras se recuperaba, tuvo una profunda conversión espiritual. Pronto dedicaría siete horas al día a la oración y en una cueva en Manresa, España, empieza a escribir lo que con el tiempo se conocería como los Ejercicios Espirituales Ignacianos.

Los Ejercicios espirituales son una guía de meditaciones, oraciones e instrucciones que se toman en un curso de 30 días. Tuvieron un gran impacto en la espiritualidad católica a través de la Edad Media y en los tiempos modernos. Ignacio también fundó la “Compañía de Jesús”, la orden misionera jesuita.

Cuando san Ignacio introduce los Ejercicios espirituales ya había comenzado la evangelización de Sudamérica y la mayor parte de Norteamérica donde fueron importantes los jesuitas. Los Ejercicios espirituales fueron el origen de ese fuego que los misioneros tenían y dio orden a la fe en nuestro país.

Los Ejercicios espirituales ayudaron a millones de católicos religiosos o laicos durante siglos. Incluso hoy, los Ejercicios espirituales suelen impartirse durante tres días en un fin de semana, jugando un rol significativo en la vida espiritual de muchos católicos alrededor del mundo. Uno de los grandes propulsores de los Ejercicios espirituales en el Siglo XX fue otro jesuita: el Padre John Hardon, que jugó un rol clave para el futuro trabajo de Miles Christi en los EE.UU. El Padre Hardon fue declarado siervo de Dios en 2002. Nación en 1914 en Pittsburgh, aunque creció en Cleveland.

El joven John Hardon fue educado por su madre en una fuerte fe en Dios.

Su madre Anna le dio una profunda formación católica. Se dedicó por completo a su hijo y no volvió a casarse, haciendo grandes sacrificios para darle una buena educación católica.

De joven se sintió atraído por la Compañía de Jesus y a lo largo de su vida fue creciendo su devoción de los Ejercicios espirituales.

La segunda mayor influencia fue de la Compañía de Jesús al mismo tiempo que recibía los votos de la Iglesia Católica.

Demostró ser un jesuita competente y entusiasta.

Tenía una gran dedicación y amor por Cristo y la Iglesia, y un profundo amor por la Eucaristía y el Santo Padre.

Debido a problemas de salud no se le permitió ser misionero, pero estaba presente espiritualmente. Usó su gran experiencia y entrenó a los misioneros jesuitas para lograr su propósito.

Se doctoró en Teología Sagrada en la Universidad Gregoriana de Roma en 1951. Tuvo una serie de puestos como profesor y era un escritor prolífico.

Ante el pedido del Papa Pablo VI en 1975, el Padre Hardon escribió el libro El Catecismo Católico. Años después, trabajó con Juan Pablo II y el entonces Cardenal Ratzinger, en el Catecismo oficial de la Iglesia Católica publicado en 1992. En los años siguientes, fue un importante recurso para dos papas, cardenales, obispos, sacerdotes y hermanas y un incontable número de laicos que asistían a sus retiros, charlas y estudiaban su trabajo. Se lo llamó a Roma muchas veces para ayudar con muchos esfuerzos apostólicos.

El Santo Padre le encargó que dedicara el resto de su vida a restaurar la fe Católica en los EE.UU. y el resto de América.

Fundó un gran número de apostolados al ver la necesidad de formar grupos de laicos que se comprometiesen a promover la vida de la Iglesia.

Incluyendo lo que se conocería como el Apostolado Catequista Mariano, un grupo del programa de catequesis que él ayudó a formar para las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa. Los Ejercicios espirituales tuvieron un rol crucial de entrenamiento para este importante trabajo. El Padre Hardon estaba cerca de la muerte y no sabía quién podía hacerse cargo de esta responsabilidad