El problema del sufrimiento

¿Para qué meterme en este problema? Porque si lo resuelvo bien, podré ser feliz, aún en este valle de lágrimas. Y porque el sufrimiento entra en mi vida, sin pedir permiso, y huirle, jamás fue buena solución.

Dice Victor Frankl que lo peor no es el sufrir, si no el no encontrarle el sentido al sufrimiento. Si hubiese un porqué, una razón fuerte, no tendríamos problema en pasar por el sufrimiento para alcanzar eso que queremos. De eso se tratan los cuentos para niños, donde un príncipe pasa por muchas aventuras difíciles para salvar a la princesa. De eso se trata la vida de los grandes, y aún más de los santos. Nada grande se consigue sin esfuerzo.

Recordar que el sufrimiento es parte del castigo de la culpa original de Adán y Eva, nos pone en perspectiva, pero aún no resuelve el problema: ¿por qué debo yo sufrir? Un rabino escribió un libro que se llama “¿Por qué deben sufrir los buenos?”. Pero el problema es que él, y quizás nosotros también, nos ponemos inmediatamente en la categoría de “buenos, inocentes, que no merecen ningún sufrimiento”. Y aún el aceptar con la luz de la Fe, que me merezco sufrir, por mis propios pecados, con los que yo me causé el sufrimiento, no termina de responder el “qué hago con el sufrimiento” y para qué Dios, que es bueno y me quiere tanto, lo permite en mi vida. Y probablemente no me interesa la “teoría general del sufrimiento”, sino por qué Dios permitió esto y esto otro en mi vida o en la de tal. Y no pocas veces llega a cuestionar a Dios; pesando incluso que estas cuatro premisas son incompatibles.

  1. Dios existe
  2. Dios es bueno
  3. Dios es todopoderoso
  4. El mal existe

Si una de esas cuatro premisas fuese falsa, entonces no habría problema. Por eso es que muchísimos han intentado resolverlo a través de negaciones

Negaciones:

De la Exitencia de Dios

  1. Ateismo: No hay Dios
  2. Demitologización: Dios “existe”, pero sólo como fantasía. Eso es ateísmo para cobardes y académicos, como los que para negar la resurrección dicen que “La Fe pacual es la verdadera resurrección”. Esto es, que no importa si sucedió el hecho, si no si yo lo “siento”.
  3. Sicologismo: Dios es subjetivo, está sólo dentro mío, lo que es para mí. Es lo mejor de mí mismo. Como decía Feuerbach: Dios es la proyección de lo mejor de la humanidad.

Del Poder de Dios

  1. Viejo Paganismo: Muchos dioses. No hay un creador, sino un Big Brother.
  2. Nuevo Cientificismo: Dios naturaleza (Sea estilo Pachamama o más una “energía” que explicaría la ciencia: ese el el argumento de la tan taquillera como pérfida película: AVATAR)
  3. Dualismo: Dos dioses, uno bueno, otro malo. Pero la luz no necesita de las tinieblas. Es el diablo el que necesita de Dios para existir, y no viceversa.

De la Bondad de Dios

  1. Satanismo: el dios malo. Pero si te unís a él, vas a correr su suerte. S. Agustín: “Si Dios existe, por qué hay mal; pero si no existe, por qué hay bien?” Eso, al menos da vuelta el planteo.
  2. Panteísmo: un dios amalgama. Todo es divino…, entonces, finalmente, no hay nada ni nadie trascendente. Buda dice que el problema del mal es el deseo, y se soluciona el mal simplemente no deseando nada… Eso mismo, ya es desear que no haya mal. El budismo nunca fue amigo de la lógica ni el sentido común.
  3. Deísmo: dios es un papá ausente. Un relojero que armó el mundo y se fue de vacaciones. Este es el disparate que promueve la masonería, y no tienen cómo fundamentarlo

Del mal

  1. Idealismo (Oprah Winfried, conductora del programa de mayor audiencia por muchos años en Estados Unidos. Inventó el “Curso de milagros”. Dice que las cosas malas suceden sólo por que las pensamos. Supera en imaginación a Buda y a Kant!).

Podríamos explayarnos en cada uno de los errores, pero la misma realidad los contradice. Y como dice el poeta  T. S. Eliott: la humanidad nunca soporto demasiada realidad. Entonces es mejor buscar el sentido de por qué Dios permite el sufrimiento. Y la respuesta, es: porque nos ama más de los que nosotros nos amamos a nosotros mismos. Y conoce nuestro bien mejor que lo que conocemos nosotros, y no quiere que nos lo perdamos. Como un padre que no permite que su hijo juegue con el cuchillo de la cocina, y le manda que haga la tarea aunque este haga un escándalo.

Decía C. S. Lewis: “Cuando llega el momento de sufrir ayuda más un poco de valor que el conocimiento abundante; algo de compasión humana más que un gran valor; y la más leve tintura de amor de Dios más que ninguna otra cosa.”

Trabajando con los pobres, los enfermos y los que sufren, uno se da cuenta que no podrá llegar a solucionarles a fondo su problema. Pero sí podemos ayudarlos a santificarse a través del dolor. Como hacía la Madre Teresa de Calcuta que no quería hospitales. No quería arreglar el problema de salud, si no dar el amor Divino a las almas. San Antonio se quejaba: “Cuánta pobreza desaprovechada!”.

Según La Nación, después de la pandemia el 75% de argentinos manifiesta tener algún problema sicológico (estrés sobre todo), y las Patologías, del 5 al 8%. En capital 10%. Hay muchas almas que necesitan nuestra ayuda.

Las sagradas escrituras nos iluminan nuestros sufrimientos: El libro de Job. Abráhan. Los Profetas: especialmente Jeremías. Y aún más especialmente la Pasión de Cristo. Dice un sermón del P. Mac Donald (nada que ver con las hamburguesas): “El Hijo de Dios padeció hasta la muerte no para que los hombres no sufriéramos, sino para que nuestro dolor pudiera ser como el Suyo”.

El dolor trae muchos y diversos frutos:

Creatividad: Cuántos artistas, autores, inventores, etc. llegaron lejos, usando su dolor como motor.

Disciplina: nos hace duros para superar obstáculos, y aguantar mejor la siguiente prueba.

Destrucción del mal: a veces el sufrir es la mejor alma para derrotar el mal (qué mejor ejemplo que la Pasión del Señor)

Es nuestro lenguaje de amor acá en la tierra: aceptar y amar la voluntad de Dios, que nos trae tantísimas alegrías diarias, pero también las penas que necesitamos para ser santos. La penitencia, es aceptar la cruz, y abrazarla

Identificación con Cristo: Simplemente porque Cristo eligió la cruz y las espinas. Esta es la ciencia de los santos, y ruego a Dios que nos de la luz y nos caliente el corazón suficientemente como para llegar a estas alturas, a nosotros que aún tememos lo que no conocemos y no le hemos entregado en serio nuestra confianza y nuestro corazón, a ese Sagrado Corazón traspasado de dolor y de amor. Ya llegará el Cielo, donde la escalera del dolor no hará más falta. Y lo glorificaremos gozando de Él.

  1. Gonzalo Viaña, MC, para el Blog de Jóvenes de Miles Christi

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