¡Animo! Jesús y María nos llevarán a la gloria de Dios.

“Esta esperanza que nosotros tenemos como un ancla sólida y firme que penetra más allá del velo, y allí mismo donde Jesús entró por nosotros como precursor,  convertido como sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”. (Hebreos 6:19-20)

La  Esperanza es a la cual nosotros debemos tener como segura y firme ancla del alma (El ancla era una figura común para representar la esperanza en el mundo antiguo). Acá la palabra nos muestra que nosotros los hombres estamos anclados a algo firme, pero que no se ve. Algo que va más allá de lo terrenal, algo que nos elevara a nuestro fin.

Pero antes de llegar a eso nosotros debemos naufragar y  necesitamos un ancla y mientras más duro el clima, más importante se vuelve su ancla!

Quién es esta ancla? María Santísima, Dice el Salve marinera “Nuestro puerto perdimos, nuestra nave naufraga sin rumbo en la tiniebla en este valle de lágrimas, en el que suplicantes nuestra voces llaman.

Oh! Misericordiosa vuélvenos tu mirada y lleva nuestro barco con brisas de bonanza, A JESUS, caminante de tu divina gracia”.

Nosotros debemos estar anclados arriba en el cielo con ella, no abajo en el suelo con las cosas mundanas y la falsedad; estamos anclados para avanzar a nuestro fin a través de ella. ¡No para permanecer detenidos! AD IESUM PER MARIAM. Es Jesús quien entró por nosotros como precursor: Quien nos mueve a través de Nuestra Señora de la Esperanza, María Santísima, hasta la misma presencia de Dios.

La esperanza es lo opuesto al desaliento, algo con lo que continuamente los cristianos batallamos, pero siempre debemos recordar nuestro fin! El cielo!

Jesús entró por nosotros como precursor, (Un precursor  era un hombre de reconocimiento en el ejército) Un precursor avanza, sabiendo que otros le van a seguir. Y eso es lo que debemos hacer, seguirlo. Nuestra “humildad​” contra el pecado de soberbia, “generosidad”  contra el pecado de avaricia, “castidad​” contra el pecado de lujuria,  “paciencia”  contra el pecado de ira, templanza​ contra el pecado de gula, “caridad”  contra el pecado de envidia, “diligencia”  contra el pecado de pereza. Son virtudes que nos harán tripular en esta nave y ser un hombre de la milicia de Cristo.

“Capitana clemente, dulcísima esperanza siempre Virgen María. Con ella y con tus hijos madre dios y santa Ruega para que un día podamos echar  anclas en el puerto que Dios nos promete como segura patria”. (Ultima parte del Salve Marinera).

 

Por Francisco Mirabile para el Blog de Jóvenes de Miles Christi

 

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