Meditaciones de Cuaresma – Día 4

Por Miles Christi

Sábado después de Ceniza

Día 4   –   Meditación del 20 de Febrero

Se comienza con la Oración para iniciar la meditación, en el librito de Oraciones  de Miles Christi #27.

  1. Vuelve a nosotros tus ojos” (Sal 68,17). Tu rostro dirigido a nosotros simboliza tu amoroso cuidado de nuestras personas. Sí, vuélvenos tu rostro y tu amor.
  2. Dicen los buenos filósofos que todo hombre necesita ser amado. Con los ojos del Señor vertidos hacia nosotros es más que suficiente para sentirse amado por la Mejor Persona. No obstante, pidamos con frecuencia que no deje de mirarnos: “dadme vuestro amor y gracia que ésta me basta” (Súscipe de San Ignacio).
  3. Isaías considera que la dispersión del alma no ayuda al cumplimiento del precepto de la santificación del Sabbath, del Sábado: “si lo honras absteniéndote de viajes el Señor es tu delicia” (Is 58,13). Todas estas prescripciones caducaron con Jesucristo. Pero el espíritu del precepto sí se mantiene: el alma que se dispersa no logra adorar al Señor como Él se merece. El recogimiento, más aún en Cuaresma, es condición de adoración verdadera a mi Dios.
  4. Esta sentencia profética resuena a lo largo del camino cuaresmal por lo que vale la pena meditarla bien: “No quiero la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva” (Ez 33,11). Verdad liberadora. ¿Creemos en un Dios que quiere que viva eternamente en el Cielo?
  5. El Nunc tempus acceptabile, un himno antiquísimo de Cuaresma nos presenta este tiempo como el propio para que “el remedio de la temperancia sane al orbe debilitado”. Debemos en estos días “bajarle” a todo aquello que fácilmente tengo desordenado. Analicemos en qué aún ando. Meros ejemplos: ¿pereza con el sueño? ¿inmoderado en redes, TV sin sentido? ¿falto de control en conversaciones y paciencia? Pongamos el remedio de la moderación a esas cosas. Ayúdame, Señor.
  6. En el Evangelio de hoy Jesús con gran claridad explica el motivo de su Encarnación: vino al mundo como el Gran Médico que cura no solo cuerpos sino también y principalmente almas. Es Salvador. De rodillas pidámosle que cure, sane principalmente mi corazón que es de donde brotan mis faltas y debilidades.
  7. Dijo: “no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores” (Mt 9,13). Ahora, yendo a fondo ¿alguien es ahora ya “justo” delante de Jesús? Quien se sienta “justo”, San Agustín le recordará que aún no se conoce…
  8. Aprovechemos de este Médico Divino que aún sigue obrando milagros de gracia en la Confesión Sacramental. Es la “segunda tabla” (Conc. Trento) que nos libra de nuestro naufragio, luego del Bautismo. La Cuaresma es tiempo para Confesiones más frecuentes, más compungidas, más preparadas. ¿Cuándo fue la última vez que así lo hicimos?

Se cierra con la Oración para terminar la meditación, en el librito de Oraciones de Miles Christi# 28.

Gracias Miles Christi!