Meditaciones de Cuaresma – Día 3

Por Miles Christi

Viernes después de Ceniza

Día 3   –   Meditación del 19 de Febrero

Se comienza con la Oración para iniciar la meditación, en el librito de raciones #27.

  1. Central en este tiempo es adquirir un espíritu penitencial. De hecho, canónicamente, la Cuaresma es de suyo un tiempo penitencial. A diario tratemos de traer a nuestros pensamientos el dolor que hemos causado a Cristo en su pasión con nuestros pecados, las penas que hemos acrecentado en el Corazón de la Mater Dolorosa. Repetir: Señor ten piedad o Kyrie, eleison puede ser una jaculatoria sencilla y provechosa. Que acreciente en mi interior un espíritu de compunción y conversión.
  2. El profeta Isaías (c. 58) insiste que el mejor ayuno es el ayuno del mal trato al prójimo. Que no quita la penitencia corporal especial de hoy Viernes. Ayunemos de palabras que hieran a los demás. Ayunemos de actitudes egoístas. Ayunemos de mentiras. Practiquemos actos de caridad. ¡Pensemos cuáles podríamos practicar hoy mismo!
  3. El Salmo Responsorial es el salmo penitencial por excelencia. El del David arrepentido de sus impurezas. De muchas maneras hemos imitado a David pecador. Reflexionemos.
  4. Pero del David pecador resurge el David convertido y santo. No hay pecado del cual no podamos ser redimidos. Que el Señor encuentre mi corazón contrito y humillado.
  5. Jesús tuvo la suavidad de ir incorporando penitencias corporales de modo progresivo. Al punto que los fariseos se burlaban de él por ser tan laxo (Mt 9). Al mundo nunca le complace lo que hace el comprometido: siempre será motivo de burla. Sepamos recibir con paciencia las burlas que nos hagan por querer seguir a Cristo en esta Cuaresma.
  6. Nuestro Señor garantiza que “vendarán días en que… sí ayunarán” (Mt 9,15). La Historia de la Iglesia presenta ejemplos egregios de las más rigurosas observancias de penitencia. Son estos “nuestros Padres” que aún deben inspirarnos, que nos deben dar confianza en amar el ayuno, la penitencia. Claro siempre conservando la prudencia. Pero es de Dios esas prácticas. Recordemos el elogio de Lc 2,37 a la profetiza Ana: a pesar de sus 84 años: “no se apartaba del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones”.

“El ayuno purifica al alma, eleva el pensamiento, somete la carne propia al espíritu, hace al corazón contrito y humillado, disipa las nubes de la concupiscencia, extingue los ardores de la liviandad, y enciende la luz verdadera de la castidad” (San Agustín).

  1. Para que el fruto de esos ayunos sean de provecho también a nuestros hermanos, práctica sencilla y concreta sería donar a los necesitados lo que hubiésemos gastado en comida, en entretenimientos, etc. durante esta Cuaresma.

Se cierra con la Oración para terminar la meditación, en el librito de Oraciones # 28.

Gracias a los amigos de Miles Christi que proveen el material.