Acuérdate de mí

Uno de los malhechores le insultaba. . . Pero el otro decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Él le dijo: “. . . hoy estarás conmigo en el paraíso”.(Lc 23, 39 s.)

La siguiente meditación es proporcionada por Miles Christi:

  1. En cualquier momento puede realizarse el encuentro definitivo con Cristo. Para el buen ladrón fue en la hora de su muerte.
    Para su compañero no lo fue nunca, a pesar de morir junto al redentor. El encontrar o no a Cristo depende de saber o no hablar con él. Porque el encuentro amistoso se realiza en el
    diálogo. ¡Qué importancia tiene la oración! Pero una oración que salga del fondo del alma.
    ¿Es mi meditación sincera, recoleta, y llena de fe en Cristo?
     
  2. Jesús es el salvador. Salva a los grandes pecadores, a condición de que éstos pidan perdón. El hijo pródigo y el publicano (dos parábolas inventadas por el corazón de Jesús) saben rezar: “he pecado”. . . , “perdóname, Señor”. . . A esta oración sigue siempre el perdón de Jesús y la promesa de salvación.
    ¿Sé reconocerme pecador en la oración. . . ?